Mi experiencia con Herbalife.

Por un ex-corpulento

De nunca he sido de los que les ha importando en demasía su aspecto físico ni el que dirán, solo me he limitado a vivir mi vida lo mejor que he sabido o he podido. No he mirado nunca por mi salud porque no me preocupaba, era joven y me salía por las orejas. Tenía a diario multitud de excesos y no me resentía por ellos, así que ¿Por qué preocuparse?. Nunca me he privado de nada y he tenido todos los malos hábitos alimenticios conocidos por el hombre y seguramente alguno más. Mientras yo viviera, os aseguro que las fábricas de mayonesa y los restaurantes de comida rápida jamás iban a cerrar.  Evidentemente siempre he sido corpulento (no me gusta la palabra gordo, cosas de la infancia), y manifestaba que yo lo que estaba era fuerte, que tenía los huesos muy anchos por eso de mi aspecto. No me entendáis mal, tenia algunos kilos de más, pero nada preocupante. A estas alturas deduciréis que jamás he realizado ningún tipo de dieta, ni ejercicio, ni nada parecido, pero si que me gusta mucho andar y andaba bastante, pero luego lo compensa que había que seguir manteniendo la figura. Sinceramente era feliz con mis lorzas, les tenia mucho cariño y había invertido mucho tiempo y dinero en ellas. Pero todo esto iba a cambiar…

Era un año especial, año antes de la pandemia y mis hijos mayores hacían la comunión. Estábamos muy ilusionados a la vez que agobiados por todos los preparativos que conllevaba. Llego un día a casa después de trabajar y mi mujer me comenta en la cocina preparando la cena de los niños… “he descubierto una dieta que es la caña y quiero hacerla. Me voy a poner to cañón para la comunión”. Yo, oliéndome lo que seguía y lo que significaba todo aquello, y como buen admirador de Curro Romero saqué el capote y le di un par de capotazos dignos del mismísimo Curro… “tu ya estas cañón, para que te vas a poner a dieta” le dije y ella me respondió “Quiero estar espectacular para la comunión y me tengo que quitar unos kilos”. La cosa quedo ahí y yo no preste más atención. No es la primera vez que hacía dieta, ella sentía la necesidad de verse bien consigo misma infinitamente más que yo, así que pensé que sería una dieta más. Poco tiempo después, empiezo con su dieta y comienzo a tomarse unos batidos. Yo le comenté “esa es la dieta, tomarte batidos” y ella me responde “entre otras cosas si, son batidos nutricionales, ¿quieres probarlos?”. No sé si hay niños cerca y desconozco la sensibilidad de la persona que está leyendo esto y para no traumatizar a nadie omitiré lo que le conteste. La cosa quedo ahí y nuestra vida continuo normalmente. Ella se encontraba cada día más contenta ya que estaba teniendo un buen resultado y llego el momento de buscar el traje para la comunión que la fecha se nos echaba encima. Decidimos ir a varias boutiques de la zona y después de una larguísima mañana de tiendas (soñada por cualquier hombre) encontramos por fin el traje. He de decir que era una pasada (en todos los asp€ctos) pero tenía un problema, solo había un modelo y le estaba algo justo. Ella, en un alarde de optimismo temerario, a mi juicio, dijo que no haría falta arreglo alguno, que en un mes estaría en la talla del traje y una semana antes vendría para asegurarse de que le estaba bien. Evidentemente se equivocó, pero no como yo esperaba. El traje tuvo que arreglarlo, si, pero tuvieron que ajustárselo porque cuando fue a probárselo le estaba grande. La comunión fue como la seda, todos estábamos radiantes, fue un día extraordinario y yo estaba muy satisfecho de cómo había salido todo.

Poco tiempo después llego el momento que yo esperaba que no llegase nunca y de nuevo después de llegar a casa de trabajar. Yo me estaba preparando una de mis cenas-almuerzo y ella se estaba haciendo su batido y con un tono coriñosohijoputesco me dice “todo eso te vas a comer. Eso es una barbaridad y más para cenar, no ves como estas, vas a reventar. Tendrías ya que empezar a cuidarte, ¿Por qué no los pruebas y empiezas a tomarte batidos? Ya veras que bien te va a ir.” Yo, muy educadamente le contesté… “a mi no me hacen falta batidos, yo estoy muy bien, estoy como un toro, además que algo que se hace en un laboratorio no puede ser bueno y no entiendo que haces tu tomándotelos si ya esta bien”. Tampoco puedo reproducir su respuesta para no volver a herir la sensibilidad de nadie y solo diré que, como cualquier hombre de su casa, que se viste por los pies, cabeza de familia que se precie, orgulloso padre, marido y macho alfa, evidentemente impuse mi santa voluntad y a la semana me teníais tomando los putos batidos de los cojones.

Mi primera impresión he de decir que fue desastrosa, sabor raro, caliente, muy liquido y cuando termine dije “¿ya está, esto es y ya hasta mañana?” ella me respondió “si, ya está, veras lo bien que te vas a sentir” He de reconocer que esa noche dormí muy bien, de un tirón y sin sensación de hambre alguna (de vez en cuando pasaba malas noche porque me solía pasar más de la cuenta con las cenas). Evidentemente, a ella no se lo reconocí, la versión oficial fue “vaya mierda, no veas el hambre que he pasado, a mi esto no me gusta, tómatelos tu…” Pero por la noche al llegar a casa, allí tenía mi batidito esperándome en la encimera… vuelta la burra al pajar y de nuevo la retahíla de reproches. Al día siguiente decidí dar un paso más y aplicar algo de psicología al asunto y si no puedes con tu enemigo únete a él y dije “traete pa ca eso que yo me voy a hacer el batido yo. ¿Esto como va?”. Y aquí la cosa empezó a cambiar y bastante. Se acabaron las mariconadas de fresa y frutos del bosque, de chocolate y galleta a hierro ahí y batidos fríos y espesos, con consistencia, con cuerpo. Ahora sí, ahora tenía esto otra pinta y poco a poco le fui cogiendo el royo y empezó a gustarme hasta que descubrí el plátano-choco y ahí fue cuando mi vida cambio. El batido de choco, plátano y hielo picado… uff que pasada. Como soy un hombre de piñón fijo, más seguido que un chorro y cabezón hasta el extremo, para mi desaparecieron todos los demás sabores y me abone al choco-plátano. La cosa empezó a marchar y sin darme cuenta empecé a bajar de peso y volumen muy rápidamente. Evidentemente me sentía mucho mejor, física y psicológicamente, toda la ropa me quedaba más holgada y la gente se flipaba al verme y eso me hacia tener más confianza, me sentía más ágil, con mas energía, las malas noches y las malas digestiones habían desaparecido y físicamente me sentía muy bien. Ya resultaba muy complicado ocultárselo y empecé a reconocer que me estaba funcionando. El tiempo paso y 10 meses después llegue a mi objetivo, 33 kilazos menos, continuando con mi ritmo de vida normal, variando mis hábitos, sin pasar hambre, comiendo de todo y sin pisar un gimnasio. Todo mi entorno estaba flipando con mi cambio físico y psicológico, y lo hacían todavía más cuando me veían en algún evento familiar, porque yo continuaba arrasando con todo como si un hubiera un mañana y teniendo que salir de allí casi en camilla, pero ellos desconocían algo que yo había aprendido durante este tiempo. Había aprendido a compensar y si hoy me paso pues mañana lo compenso.

Llego el día que esperaba, mes de Marzo y día de reconocimiento medico de la empresa. Hora de valorar los destrozos… Aunque había tenido un cambio espectacular y me sentía genial, no las tenia todas conmigo y quería comprobarlo por mi mismo. La doctora del reconocimiento, que casualmente era la misma del año anterior, reviso la ficha una y otra vez por que no se lo creía, decía que no era la misma persona. Todas las pruebas genial y la analítica de libro. Sorprendidísimos de la diferencia tan bestial con respecto al último reconocimiento, de tener todos los parámetros disparados a tenerlos todos perfectos… joder, pues si que funciona, a meterme la lengua en el culo (a estas alturas no he de especificar que a mi mujer solo le dije un triste “estaba bien”). Un año después sigo manteniéndome y continúo igual de bien. He bajado 4 tallas de casi todo (algunas cosas siguen igual de bien) y me sigo encontrando genial y he ampliado mis miras, he descubierto la vainilla, que esta haciendo mi vida mucho más emocionante.

Pero bueno, vamos al turrón. ¿Herbalife funciona? Funciona, no por que a mi me haya funcionado, sino porque a todo el mundo que lo prueba le funciona y desde hace ya mucho tiempo, pero esto es como todo, ¿Por qué sabes que el fuego quema? Te lo pueden decir, lo puedes saber, los puedes intuir, pero hasta que no te has quemado no sabes que realmente el fuego quema. ¿Como sabes que Herbalife no funciona si no lo has probado? Funciona, pero no hace milagros, si tu no tienes la intención de cambiar, si tu no estas dispuestos a cambiar tus hábitos, a mejorar, a dejarte asesorar y, sobre todo, si no estás dispuesto a darle una oportunidad no funcionara. Si lo tomas vas a mejorar, evidentemente, pero no como tu querrías. Yo creía que algo hecho en un laboratorio no podía ser bueno para la salud y me dijeron que si los medicamentos que me curan y por los cuales mucha gente puede continuar viviendo, crecían en los árboles. Os digo que estaba equivocado. He aprendido una lección importantísima en mi vida que espero que os pueda ayudar…

"No hay nada honroso en ser mejor que alguien, la verdadera satisfacción y el verdadero orgullo es ser mejor que tu yo anterior".

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